Al igual que yo han sido muchos los que se han sorprendido de que un cantante como Fausto Rey cayera en la trampa de presentarse en el “especial del diez por uno” que se ha estado montando con los merengueros de los ochenta.
Un artista que por sí solo ha podido llenar en este tiempo el Teatro La Fiesta del hotel Jaragua presentándose en una congregación tan penosa, sin ningún criterio, que en vez de hacerle bien le hace daño al “alicaido” merengue.
Cómo es posible que el Fausto Rey de leyenda, el único baladista criollo que en el pasado fue capaz de convocar multitudes en el estadio Olímpico y el Quisqueya, dañe de ese modo el recuerdo que muchos tenemos de sus años de esplendor y de gloria?
Por eso es que dicen que los años del ocaso hay que vivirlos con mucha dignidad para no hacerle daño a la memoria histórica que los pueblos se han forjado de sus artistas.
Fausto Rey fue un estandarte y un patrimonio de nuestro arte popular que, lamentablemente, ha maltratado y dañado su imagen, al permitir que se comercialice con el en un baratillo “funerario” donde “los muertos” se ofrecen al diez por uno.
Duele de repente encontrarse frente a la realidad de que los valores del pasado, que nos quedaban como referencia para enfrentar la iniquidad del arte del presente, sucumban de manera tan deprimente y vergonzosa por un puñado de pesos que ni siquiera alcanzan para escribir su nombre en la lápida de su tumba.
Resquiescat in pace Fausto Rey...
Publicado por Joseph Cáceres en merengala.blogspot.com